Horror: piojos

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Creemos que el calendario escolar es también el calendario de los piojos. Pues es falso. La pediculosis (o como se llama técnicamente a los piojos) puede aparecer en cualquier época del año y a nosotros nos tocó en pleno mes de julio, con el calorazo de la ola de calor africano azotando Madrid, la tentación de un chapuzón en la piscina a la mínima gota de sudor y el deseo de ponerse gorra a la primera de cambio.
Llevábamos un par de días notando que la peque se radicaba mucho la cabeza, pero ya el último día, viéndola que tenía hasta desazón, decidimos llevarla al pediatra, convencidos de que lo que le picaba era un nuevo brote de dermatitis y que las cositas blancas de su cuero cabelludo eran las pieles muertas que aparecían por la misma.
Nada más lejos de la realidad: "Esto son liendres", dijo la pediatra.
Y es que, por lo visto, es muy fácil confundir a los huevos de los piojos con granitos de caspa, pero también la mar de sencillo identificar unos de otros. Aquí, alguna…

Dos meses

Hoy hace dos meses que nuestra pequeñaja vino al mundo. Sesenta días (o sesenta y uno) en los que no ha parado de crecer y de descubrir nuevas cosas, nuevos estímulos y en los que además su desarrollo ha avanzado de una forma tremenda.

Enumerando, en estos dos meses: ha aprendido a comer, se le ha caído la pinza del cordón umbilical, ha aprendido a agarrar cosas con las manitas, ha descubierto que tiene manos y que su boca es una buenísima herramienta para conocer nuevos objetos, ha comenzado a sonreír y ya reconoce (no sólo por el olor) a su papá y a su mamá, ya es capaz de sostener (a duras penas) su cabeza y empieza a emitir sus primeros gorjeos.

La cantidad de descubrimientos de estos primeros meses es enorme. Dicen que en los bebés, el primer año es el de los grandes avances. Nunca en su vida van a volver a aprender tantas cosas en tan poco tiempo y a experimentar tantísimos avances como ahora.

Para ella todo es nuevo.

Lo que más gracia me hace es que agarra con sus manitas todo lo que le llama la atención y así lo mantiene, agarradito sin soltar, como si le hubiese costado tantísimo prenderlo como para soltarlo de buenas a primeras.

Estamos intentando estimularle acercándola objetos como sonajeros que pueda coger con sus manitas, pero es en vano: todo lo agarra y lo mantiene agarrado hasta que se cansa: las telas, el chupete, el sonajero, el mordedor de colorines...

Todo le gusta y todo lo mira. Es un bebé muy simpatico, sonríe cada vez que le hablas. Y lo que más sorprende es lo nerviosa que es. La verdad es que todo apuntaba que las patadas que pegaba dentro de la barriga cuando aún no conocíamos del todo, era una señal inequívoca de que tranquila, lo que se dice tranquila, no sería. Y efectivamente, no es un bebé tranquilo.

Tratamos de darle masajes relajantes (ahora que poco a poco vamos aprendiendo) y de momento parece que nos dan buenos resultados. Realmente nos resultan necesarios, so pena de soportar una tarde movidida y cerca de hora y media de berrinche porque no es capaz de dormirse, como el otro día: estuvo despierta desde las 12 de la mañana hasta casi las 9 y media de la noche, durmiendo a ratitos durante la tarde, pero sin llegar a pasar más de media hora con los ojos cerrados. Tras el baño y la toma de las 21:30 estaba cansada pero no era capaz de dormirse, así que nos regaló una interesante hora y media de llanto desesperado. Berrinche a prueba de paciencia de cualquiera.

De momento no ha vuelto a suceder. Tal vez los masajes estén dando resultado. Desde aquél día intentamos marcarle espacios de sueño: llegada la hora de la siesta, la acostamos en la minicuna con la luz apagada, igual que después de la toma tras el baño, aprovechando que se encuentra más relajada, para que asocie minicuna-oscuridad-silencio con DORMIR.

Dos meses ya...¿quién lo iba a decir? Se me han pasado volando. Dicen que cuando disfrutas de lo que haces, el tiempo parece que pasa mucho más rápido. Puede ser. Estos 60 días los he disfrutado a tope, cada segundo, cada minuto, porque todos son especiales.

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