Horror: piojos

Imagen
Creemos que el calendario escolar es también el calendario de los piojos. Pues es falso. La pediculosis (o como se llama técnicamente a los piojos) puede aparecer en cualquier época del año y a nosotros nos tocó en pleno mes de julio, con el calorazo de la ola de calor africano azotando Madrid, la tentación de un chapuzón en la piscina a la mínima gota de sudor y el deseo de ponerse gorra a la primera de cambio.
Llevábamos un par de días notando que la peque se radicaba mucho la cabeza, pero ya el último día, viéndola que tenía hasta desazón, decidimos llevarla al pediatra, convencidos de que lo que le picaba era un nuevo brote de dermatitis y que las cositas blancas de su cuero cabelludo eran las pieles muertas que aparecían por la misma.
Nada más lejos de la realidad: "Esto son liendres", dijo la pediatra.
Y es que, por lo visto, es muy fácil confundir a los huevos de los piojos con granitos de caspa, pero también la mar de sencillo identificar unos de otros. Aquí, alguna…

Mamitis

Me incorporé al trabajo cuando la pequeñaja tenía cuatro meses y medio, y deseé en ese momento haber nacido en algún país del norte de Europa, en los que las bajas por maternidad son bastante más largas que aquí.

Poco tiempo a su lado...

La peque no era muy consciente de mis idas, pues la mayoría de los días la llevaba dormida a casa de mi madre y, si no había alcanzado el sueño, se dormía en seguida una vez me había ido yo: mi madre la mecía un poquito y listo.

Al llegar a casa después de mi jornada laboral, un poco de teta solucionaba nuestro desapego mañanero y ya podíamos disfrutar de nuestra tarde juntas.

Poco a poco, la pequeñaja ha ido siendo más consciente de que me voy y ahora con 9 meses incluso llora.

Cuando estoy con ella, no me suelta. Prefiere estar encima de mi a estar con nadie más y si le ponemos los juguetes en el suelo, tengo que estar a su lado sentada, aunque yo no interactúe con el 'pato Alfredo', el 'oso pomposo' o la 'caja de los tesoros'. El simple hecho de tenerme a su lado la tranquiliza. Y si percibe cierta intención por mi parte de levantarme o retirarme a otro lado...consigue llegar hasta a mí y subirse a mis piernas.

Si no me ve, llora. Si ve que me alejo, aunque sea al otro lado del pasillo de casa, llora. Si la coge su abuela, su abuelo, su tío o su papi, sabiendo que estoy yo al lado...llora. Por las noche, en cualquiera de sus despertares, llora...y si no la consuelo, puede llegar a convertirse en un sinvivir nocturno.

No es vicio de teta, ni me adora porque soy la persona a la que tiene más a mano...

La conclusión es que tiene mamitis.

He leído que esa angustia por la separación suele manifestarse más acusada cuando comienzan a gatear, porque se mueven, se alejan, y a la vez observan como su centro de referencia (mami) también se va de su lado.

Tengo que confesar que en el fondo me agrada que me quiera, que sepa que soy su mami, que me eche tanto de menos. Pero esto es egoísta a la vez. Porque por otro lado no me gusta que llore desesperadamente como en la madrugada porque me está echando de menos. No me gusta ver la cara de decepción de su papi cuando prefiere mis bracitos a los suyos. Y mucho menos me gusta que se angustie o que en su pequeña mente de bebe tenga la idea de que mami no está.

Mamitis.

Está caro que el vínculo entre mamás y bebès es el que es y que algún día, cuando las hormonas le hagan sentir que su madre "le raya", me acordaré con ternura de este momento y echaré de menos estos placajes que me hace ahora siendo un mico como es, pero hoy digo que su mamitis me gusta y me preocupa por partes iguales.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Onicomadesis...otro 'efecto secundario del virus boca-mano-pie'

Nuestro carrito: el NGE Elegance

Nuestra sillita de paseo: MacLaren Quest