¿Exigimos al mayor más de lo que deberíamos?

Sirvan estas líneas para inaugurar la nueva entrada del nuevo año... ¡Feliz 2019!, que espero hayáis comenzado con buen pie. En casa lo hemos estrenado de la misma manera de la que lo terminamos: con virus.Primero fue la mayor, luego caí yo y para estrenar este 2019, la peque ha sido la que ha continuado la racha. Nada preocupante, pero molesto, muy molesto.Y esto nos lleva a una pequeña reflexión, porque mientras la mayor estuvo malita, con vómitos, fiebre, malestar en general, dolor de tripa, etc..., se sentía segura, acompañada, mimada... y notar esto y que te diga si la vas a cuidar siempre, te da que pensar. Sobre todo porque quizá desde que nació su hermana hace un año y medio no la hemos prestado toda la atención que se merece. ¡Que sólo tiene 5 años! Puede que a veces se nos olvide y la exijamos más de lo que debemos. Mientras le pedimos cosas, aunque pensamos que estamos favoreciendo su autonomía y que le estamos otorgando la categoría inigualable de hermana mayor, puede que …

Mamitis

Me incorporé al trabajo cuando la pequeñaja tenía cuatro meses y medio, y deseé en ese momento haber nacido en algún país del norte de Europa, en los que las bajas por maternidad son bastante más largas que aquí.

Poco tiempo a su lado...

La peque no era muy consciente de mis idas, pues la mayoría de los días la llevaba dormida a casa de mi madre y, si no había alcanzado el sueño, se dormía en seguida una vez me había ido yo: mi madre la mecía un poquito y listo.

Al llegar a casa después de mi jornada laboral, un poco de teta solucionaba nuestro desapego mañanero y ya podíamos disfrutar de nuestra tarde juntas.

Poco a poco, la pequeñaja ha ido siendo más consciente de que me voy y ahora con 9 meses incluso llora.

Cuando estoy con ella, no me suelta. Prefiere estar encima de mi a estar con nadie más y si le ponemos los juguetes en el suelo, tengo que estar a su lado sentada, aunque yo no interactúe con el 'pato Alfredo', el 'oso pomposo' o la 'caja de los tesoros'. El simple hecho de tenerme a su lado la tranquiliza. Y si percibe cierta intención por mi parte de levantarme o retirarme a otro lado...consigue llegar hasta a mí y subirse a mis piernas.

Si no me ve, llora. Si ve que me alejo, aunque sea al otro lado del pasillo de casa, llora. Si la coge su abuela, su abuelo, su tío o su papi, sabiendo que estoy yo al lado...llora. Por las noche, en cualquiera de sus despertares, llora...y si no la consuelo, puede llegar a convertirse en un sinvivir nocturno.

No es vicio de teta, ni me adora porque soy la persona a la que tiene más a mano...

La conclusión es que tiene mamitis.

He leído que esa angustia por la separación suele manifestarse más acusada cuando comienzan a gatear, porque se mueven, se alejan, y a la vez observan como su centro de referencia (mami) también se va de su lado.

Tengo que confesar que en el fondo me agrada que me quiera, que sepa que soy su mami, que me eche tanto de menos. Pero esto es egoísta a la vez. Porque por otro lado no me gusta que llore desesperadamente como en la madrugada porque me está echando de menos. No me gusta ver la cara de decepción de su papi cuando prefiere mis bracitos a los suyos. Y mucho menos me gusta que se angustie o que en su pequeña mente de bebe tenga la idea de que mami no está.

Mamitis.

Está caro que el vínculo entre mamás y bebès es el que es y que algún día, cuando las hormonas le hagan sentir que su madre "le raya", me acordaré con ternura de este momento y echaré de menos estos placajes que me hace ahora siendo un mico como es, pero hoy digo que su mamitis me gusta y me preocupa por partes iguales.

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