Cosas que olvidarás (olvidaremos) de cuando eras bebé

Pasan los meses a la velocidad del rayo. Tan lentos las últimas semanas cuando te esperábamos y tan veloces estos primeros a tu lado... Qué le vamos a hacer, dicen que es ley de vida y que a medida que crecéis, mayor es la sensación de que el tiempo pasa volando.En nada, te plantas en tu primer cumpleaños como si nada y ya casi habremos olvidado tus gorgoritos de las primeras noches en casa. Esos ruiditos extraños que nunca supimos bien si se debían a tu rinitis de nacimiento o a que todos los bebés en sus primeros días de vida es normal que hagan. Tu olor al nacer, el que se quedó contigo los primeros días y el que grabé a fuego como un recuerdo precioso, también se diluirá entre esos otros olores a bebé que ayudan a potenciar las cremas hidratantes, la colonia y hasta las babas que sueltas.No se me olvidará, sin embargo, lo que sentí cuando te pusieron encima de mí plagada de vérnix: calor. Estabas muy calentita y en mi cabeza sólo cabía que tenía que arroparte más, que no quería qu…

Mascotas + bebé (2° parte)

A estas alturas de la película, la pequeñaja gatea que se las pela. Coge unas velocidades tremendas y se recorre la casa de arriba a abajo.

Tiene dos modalidades de gateo: el sonoro (va dando manotazos en el suelo a la vez que los acompaña de graciosísimos "blablablablaaapapapapa") y el peligroso.

Y es en éste en el que me detendré porque quiero explicarlo bien.

Peligroso es porque es silencioso. No la oyes ni llegar, ni quedarse ni irse. Desaparece y tienes que buscarla, porque seguro seguro seguro está cerca de la gata (que también acaba convirtiéndose en sospechosa si se esconde y no se le oye).

La convivencia entre ambas parecía haber llegado a buen puerto si no fuera porque a la pequeñaja no le cuesta nada coger confianza. Los acercamientos eran cada vez más frecuentes y también las caricias-manotazos. La pequeñaja se venía arriba (porque elbichopeludoparecidoalpeluche la dejaba hacer) y la gata porque había encontrao otra mano amiga.

Sin embargo esa buena convivencia hace días que creo que se ha resquebrajado. La mini mano amiga ya no es tan amiga y la gata ya no se deja hacer tanto. Digamos que la tranquilidad, paz y sosiego que suponen ciertos momentos en el mundo felino en mi casa no existen, se rompen cada vez que la pequeñaja la tira juguetes, la agarra de las orejas o se pone a gritar emocionada cuando el rabo le roza.

Hace unas semanas, la gata respondía a las caricias-manotazos poniéndose panza arriba y dejando bien a la vista su barriguita. Hoy lo hace con bufidos que por supuesto la pequeñaja no entiende.

Sé que es cuestión de tiempo, pero la verdad es que este fin de semana me ha sorprendido ver que los bebés son más curiosos de lo que yo me pensaba y que al final, los gatos son gatos, con todas sus rarezas en el paquete, por mucho ronroneo que te hagan y por mucho chupete que te ofrezca esa mano amiga, que empezaba a serlo y que a lo mejor ya no lo es tanto.

El tiempo lo dirá.

Comentarios

  1. Ya verás cómo al final todo sale bien! y se llevan estupendamente. Sólo hay que darle tiempo al tiempo.

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    1. Bueno, jeje, seguro que sí será cosa de tiempo! Eso, si no acaba antes una con la otra!

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  2. Los gatos al contrario de los perros son muy rezelosos al final supongo que entrara por el aro

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    1. Esperemos que la gata, como tú dices, entre por el aro...y que la pequeñaja aprenda a acariciar de verdad!!

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  3. A los niños igual que a cualquier persona les hacen mucho bien las mascotas...

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    1. Sí Elia, yo tambièn lo creo. Espero que poco a poco aprendan a entenderse. Sólo es cuestión de tiempo.

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