Horror: piojos

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Creemos que el calendario escolar es también el calendario de los piojos. Pues es falso. La pediculosis (o como se llama técnicamente a los piojos) puede aparecer en cualquier época del año y a nosotros nos tocó en pleno mes de julio, con el calorazo de la ola de calor africano azotando Madrid, la tentación de un chapuzón en la piscina a la mínima gota de sudor y el deseo de ponerse gorra a la primera de cambio.
Llevábamos un par de días notando que la peque se radicaba mucho la cabeza, pero ya el último día, viéndola que tenía hasta desazón, decidimos llevarla al pediatra, convencidos de que lo que le picaba era un nuevo brote de dermatitis y que las cositas blancas de su cuero cabelludo eran las pieles muertas que aparecían por la misma.
Nada más lejos de la realidad: "Esto son liendres", dijo la pediatra.
Y es que, por lo visto, es muy fácil confundir a los huevos de los piojos con granitos de caspa, pero también la mar de sencillo identificar unos de otros. Aquí, alguna…

La mano de la naturaleza

Hace un par de días, una compañera del trabajo dio a luz a su segundo hijo. Le hicieron la cesárea porque consideraron que al haber tenido una anterior y relativamente reciente (han pasado justo dos años desde que nació su primera hija) era preferible intervenirla a que tuviera contracciones y la cicatriz pudiera sufrir con ellas.

He vivido su embarazo recordando el mío. Sólo ha pasado un año, pero parece que hubieran sido siglos. Incluso hablando con ella de sus progresos mes a mes, tenía la sensación de que esos recuerdos vividos se habían producido hacía una eternidad.

¡Cómo es el cuerpo humano!, capaz de olvidar dolores extremos,sensaciones únicas...y a la vez, de hacer que todo se olvide y acabe quedándose un recuerdo como lejano...

Ayer, que fui a visitarla al hospital, ver a su bebé recién nacido, con sus 48cm de "altura", me hizo ver que el tiempo y la naturaleza son sabios. Mientras mi hija se paseaba por la habitación como Pedro por su casa, yo miraba y remiraba al bebé, extrañada de que hace sólo un año, el bichejo que correteaba a mi lado señalando todo con el dedo era así de pequeñita y así de frágil. En su día no la veía ni tan siquiera de esta manera. Tal vez la naturaleza nos hace ver de otro modo a nuestras criaturas recién nacidas, como mecanismo de protección...

Nos hace olvidar los malos momentos, los dolores, el miedo..., para que nuestra mente sólo sea capaz de procesar el resultado, y, con el paso del tiempo, estemos centradas en el progreso: ver a nuestros hijos crecer.

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