Horror: piojos

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Creemos que el calendario escolar es también el calendario de los piojos. Pues es falso. La pediculosis (o como se llama técnicamente a los piojos) puede aparecer en cualquier época del año y a nosotros nos tocó en pleno mes de julio, con el calorazo de la ola de calor africano azotando Madrid, la tentación de un chapuzón en la piscina a la mínima gota de sudor y el deseo de ponerse gorra a la primera de cambio.
Llevábamos un par de días notando que la peque se radicaba mucho la cabeza, pero ya el último día, viéndola que tenía hasta desazón, decidimos llevarla al pediatra, convencidos de que lo que le picaba era un nuevo brote de dermatitis y que las cositas blancas de su cuero cabelludo eran las pieles muertas que aparecían por la misma.
Nada más lejos de la realidad: "Esto son liendres", dijo la pediatra.
Y es que, por lo visto, es muy fácil confundir a los huevos de los piojos con granitos de caspa, pero también la mar de sencillo identificar unos de otros. Aquí, alguna…

Autolesionarse

Siempre ha sido muy nerviosa. Desde que nació, mueve las manos sin parar y no deja de moverse. Viendo lo quietecitos que se están algunos niños de su edad jugando con la arena del parque, me doy cuenta de que mi hija pertenece a la tribu de los bebés inquietos, nerviosos... Aunque huelga decir, que también tiene sus pequeños momentos de sosiego muuuuy de vez en cuando.

Por eso, y porque ya la voy conociendo un poco más a fondo, no me sorprendió enormemente que tuviera todo el muslo llenito de pellizcos.

Fue el otro día, que cuando fui a cambiarla el pañal, vi que se había dejado la pierna plagada de pellizcos. Tal vez por los nervios, no encontró otra manera para descargar su enfado por no poder respirar, que autolesionarse de ese modo.

Lo primero que hice fue cortarle las uñas (obvio), haciéndole tontunas porque si no, es imposible. Después, curarle las heriditas con cristalmina (puede que no haga nada, pero yo me quedé más tranquila). Y por último, dejarla libre y observarla.

Le vi hacerlo otra vez, e incluso amagar con pellizcarse el otro muslo. Sobre todo en momentos de enfado porque no le dimos lo que quería, o de frustración porque la gata no quería tomarse su biberón de leche.

Despacito y con suavidad, tantas veces le vi, tantas veces le dije que eso no se hacía. Y parece que funcionó.

Comentàndoselo al pediatra, nos dijo que eso era como morderse las uñas o tirarse del pelo. Hay niños a los que les funciona bien una regañina y otros que incluso lo hacen más si se les pilla. Vamos, dos efectos contrarios.

De momento, las heriditas estàn cicatrizando y no he vuelto a verla hacérselo. Así que, tranquilidad. Pero ¡qué susto!

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