Cosas que olvidarás (olvidaremos) de cuando eras bebé

Pasan los meses a la velocidad del rayo. Tan lentos las últimas semanas cuando te esperábamos y tan veloces estos primeros a tu lado... Qué le vamos a hacer, dicen que es ley de vida y que a medida que crecéis, mayor es la sensación de que el tiempo pasa volando.En nada, te plantas en tu primer cumpleaños como si nada y ya casi habremos olvidado tus gorgoritos de las primeras noches en casa. Esos ruiditos extraños que nunca supimos bien si se debían a tu rinitis de nacimiento o a que todos los bebés en sus primeros días de vida es normal que hagan. Tu olor al nacer, el que se quedó contigo los primeros días y el que grabé a fuego como un recuerdo precioso, también se diluirá entre esos otros olores a bebé que ayudan a potenciar las cremas hidratantes, la colonia y hasta las babas que sueltas.No se me olvidará, sin embargo, lo que sentí cuando te pusieron encima de mí plagada de vérnix: calor. Estabas muy calentita y en mi cabeza sólo cabía que tenía que arroparte más, que no quería qu…

Autolesionarse

Siempre ha sido muy nerviosa. Desde que nació, mueve las manos sin parar y no deja de moverse. Viendo lo quietecitos que se están algunos niños de su edad jugando con la arena del parque, me doy cuenta de que mi hija pertenece a la tribu de los bebés inquietos, nerviosos... Aunque huelga decir, que también tiene sus pequeños momentos de sosiego muuuuy de vez en cuando.

Por eso, y porque ya la voy conociendo un poco más a fondo, no me sorprendió enormemente que tuviera todo el muslo llenito de pellizcos.

Fue el otro día, que cuando fui a cambiarla el pañal, vi que se había dejado la pierna plagada de pellizcos. Tal vez por los nervios, no encontró otra manera para descargar su enfado por no poder respirar, que autolesionarse de ese modo.

Lo primero que hice fue cortarle las uñas (obvio), haciéndole tontunas porque si no, es imposible. Después, curarle las heriditas con cristalmina (puede que no haga nada, pero yo me quedé más tranquila). Y por último, dejarla libre y observarla.

Le vi hacerlo otra vez, e incluso amagar con pellizcarse el otro muslo. Sobre todo en momentos de enfado porque no le dimos lo que quería, o de frustración porque la gata no quería tomarse su biberón de leche.

Despacito y con suavidad, tantas veces le vi, tantas veces le dije que eso no se hacía. Y parece que funcionó.

Comentàndoselo al pediatra, nos dijo que eso era como morderse las uñas o tirarse del pelo. Hay niños a los que les funciona bien una regañina y otros que incluso lo hacen más si se les pilla. Vamos, dos efectos contrarios.

De momento, las heriditas estàn cicatrizando y no he vuelto a verla hacérselo. Así que, tranquilidad. Pero ¡qué susto!

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