¿Exigimos al mayor más de lo que deberíamos?

Sirvan estas líneas para inaugurar la nueva entrada del nuevo año... ¡Feliz 2019!, que espero hayáis comenzado con buen pie. En casa lo hemos estrenado de la misma manera de la que lo terminamos: con virus.Primero fue la mayor, luego caí yo y para estrenar este 2019, la peque ha sido la que ha continuado la racha. Nada preocupante, pero molesto, muy molesto.Y esto nos lleva a una pequeña reflexión, porque mientras la mayor estuvo malita, con vómitos, fiebre, malestar en general, dolor de tripa, etc..., se sentía segura, acompañada, mimada... y notar esto y que te diga si la vas a cuidar siempre, te da que pensar. Sobre todo porque quizá desde que nació su hermana hace un año y medio no la hemos prestado toda la atención que se merece. ¡Que sólo tiene 5 años! Puede que a veces se nos olvide y la exijamos más de lo que debemos. Mientras le pedimos cosas, aunque pensamos que estamos favoreciendo su autonomía y que le estamos otorgando la categoría inigualable de hermana mayor, puede que …

Felicidad

Hace un año dormía si acaso tres horas diarias, tenía un bebé protestón que nos derretía cada vez que nos dedicaba una sonrisa y que como respuesta a las interacciones, devolvía pedorretas. Hace un año, esto de la maternidad acababa de comenzar y tenía mil y un miedos, mil y un consejos que giraban a nuestro alrededor y mil y una dificultad por querer hacer las cosas sola como bajar todo el armatoste del carro desde un cuarto sin ascensor...

Hoy, un año después, la Navidad la vivo de otra manera, porque aquel bebé sigue siendo bebé, pero ya camina, parlotea y hasta indica lo que quiere con el dedo o la cabeza. Se impresiona si ve una caja empaquetada de regalo que ha aparecido de repente en medio del salón y se entusiasma con los globos de helio que tienen mil formas y flotan por el cielo o se pasean por las alturas enganchados con una cuerdecita a las muñecas de la gente.

Mi pequeñaja mueve el esqueleto como si se fuera a deshacer cada vez que escucha música, sea la que sea, y besa a diestro y siniestro todos los marcos de fotos que tenemos en casa. Hace pucheros si le digo que me voy sin ella, y abraza y besa hasta que ella misma se cansa y decide dedicarse a otra cosa. Regaña con el dedo a la gatita si observa que ésta sale corriendo por el pasillo (probablemente huyendo de ella) y entiende que no debe seguir haciendo lo que hace si es a ella a quien se regaña igual.

Imita movimientos, expresiones y hasta se le acaba contagiando la risa. Intenta comer sola el yogur y no le gusta mancharse los dedos, pide que le limpies.

Se toca la nariz, los ojos, las orejas o te enseña las manitas, si es eso lo que le pides que enseñe. Y es capaz de recoger sus juguetes si le ordenas que así tiene que ser.

Hace un año sabía que aquel bebé que comía, dormía y pedorreteaba me hacía inmensamente feliz solo por el hecho de estar. Hoy este bebé gruñón, risueño, parlanchín, terremoto y juguetón me recuerda cada día que la felicidad se encuentra en el más mínimo detalle y me hace entender que no hay amor mas puro y más grande que el que se tiene a un hijo.

Feliz Navidad

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