Horror: piojos

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Creemos que el calendario escolar es también el calendario de los piojos. Pues es falso. La pediculosis (o como se llama técnicamente a los piojos) puede aparecer en cualquier época del año y a nosotros nos tocó en pleno mes de julio, con el calorazo de la ola de calor africano azotando Madrid, la tentación de un chapuzón en la piscina a la mínima gota de sudor y el deseo de ponerse gorra a la primera de cambio.
Llevábamos un par de días notando que la peque se radicaba mucho la cabeza, pero ya el último día, viéndola que tenía hasta desazón, decidimos llevarla al pediatra, convencidos de que lo que le picaba era un nuevo brote de dermatitis y que las cositas blancas de su cuero cabelludo eran las pieles muertas que aparecían por la misma.
Nada más lejos de la realidad: "Esto son liendres", dijo la pediatra.
Y es que, por lo visto, es muy fácil confundir a los huevos de los piojos con granitos de caspa, pero también la mar de sencillo identificar unos de otros. Aquí, alguna…

Felicidad

Hace un año dormía si acaso tres horas diarias, tenía un bebé protestón que nos derretía cada vez que nos dedicaba una sonrisa y que como respuesta a las interacciones, devolvía pedorretas. Hace un año, esto de la maternidad acababa de comenzar y tenía mil y un miedos, mil y un consejos que giraban a nuestro alrededor y mil y una dificultad por querer hacer las cosas sola como bajar todo el armatoste del carro desde un cuarto sin ascensor...

Hoy, un año después, la Navidad la vivo de otra manera, porque aquel bebé sigue siendo bebé, pero ya camina, parlotea y hasta indica lo que quiere con el dedo o la cabeza. Se impresiona si ve una caja empaquetada de regalo que ha aparecido de repente en medio del salón y se entusiasma con los globos de helio que tienen mil formas y flotan por el cielo o se pasean por las alturas enganchados con una cuerdecita a las muñecas de la gente.

Mi pequeñaja mueve el esqueleto como si se fuera a deshacer cada vez que escucha música, sea la que sea, y besa a diestro y siniestro todos los marcos de fotos que tenemos en casa. Hace pucheros si le digo que me voy sin ella, y abraza y besa hasta que ella misma se cansa y decide dedicarse a otra cosa. Regaña con el dedo a la gatita si observa que ésta sale corriendo por el pasillo (probablemente huyendo de ella) y entiende que no debe seguir haciendo lo que hace si es a ella a quien se regaña igual.

Imita movimientos, expresiones y hasta se le acaba contagiando la risa. Intenta comer sola el yogur y no le gusta mancharse los dedos, pide que le limpies.

Se toca la nariz, los ojos, las orejas o te enseña las manitas, si es eso lo que le pides que enseñe. Y es capaz de recoger sus juguetes si le ordenas que así tiene que ser.

Hace un año sabía que aquel bebé que comía, dormía y pedorreteaba me hacía inmensamente feliz solo por el hecho de estar. Hoy este bebé gruñón, risueño, parlanchín, terremoto y juguetón me recuerda cada día que la felicidad se encuentra en el más mínimo detalle y me hace entender que no hay amor mas puro y más grande que el que se tiene a un hijo.

Feliz Navidad

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