Cosas que olvidarás (olvidaremos) de cuando eras bebé

Pasan los meses a la velocidad del rayo. Tan lentos las últimas semanas cuando te esperábamos y tan veloces estos primeros a tu lado... Qué le vamos a hacer, dicen que es ley de vida y que a medida que crecéis, mayor es la sensación de que el tiempo pasa volando.En nada, te plantas en tu primer cumpleaños como si nada y ya casi habremos olvidado tus gorgoritos de las primeras noches en casa. Esos ruiditos extraños que nunca supimos bien si se debían a tu rinitis de nacimiento o a que todos los bebés en sus primeros días de vida es normal que hagan. Tu olor al nacer, el que se quedó contigo los primeros días y el que grabé a fuego como un recuerdo precioso, también se diluirá entre esos otros olores a bebé que ayudan a potenciar las cremas hidratantes, la colonia y hasta las babas que sueltas.No se me olvidará, sin embargo, lo que sentí cuando te pusieron encima de mí plagada de vérnix: calor. Estabas muy calentita y en mi cabeza sólo cabía que tenía que arroparte más, que no quería qu…

Felicidad

Hace un año dormía si acaso tres horas diarias, tenía un bebé protestón que nos derretía cada vez que nos dedicaba una sonrisa y que como respuesta a las interacciones, devolvía pedorretas. Hace un año, esto de la maternidad acababa de comenzar y tenía mil y un miedos, mil y un consejos que giraban a nuestro alrededor y mil y una dificultad por querer hacer las cosas sola como bajar todo el armatoste del carro desde un cuarto sin ascensor...

Hoy, un año después, la Navidad la vivo de otra manera, porque aquel bebé sigue siendo bebé, pero ya camina, parlotea y hasta indica lo que quiere con el dedo o la cabeza. Se impresiona si ve una caja empaquetada de regalo que ha aparecido de repente en medio del salón y se entusiasma con los globos de helio que tienen mil formas y flotan por el cielo o se pasean por las alturas enganchados con una cuerdecita a las muñecas de la gente.

Mi pequeñaja mueve el esqueleto como si se fuera a deshacer cada vez que escucha música, sea la que sea, y besa a diestro y siniestro todos los marcos de fotos que tenemos en casa. Hace pucheros si le digo que me voy sin ella, y abraza y besa hasta que ella misma se cansa y decide dedicarse a otra cosa. Regaña con el dedo a la gatita si observa que ésta sale corriendo por el pasillo (probablemente huyendo de ella) y entiende que no debe seguir haciendo lo que hace si es a ella a quien se regaña igual.

Imita movimientos, expresiones y hasta se le acaba contagiando la risa. Intenta comer sola el yogur y no le gusta mancharse los dedos, pide que le limpies.

Se toca la nariz, los ojos, las orejas o te enseña las manitas, si es eso lo que le pides que enseñe. Y es capaz de recoger sus juguetes si le ordenas que así tiene que ser.

Hace un año sabía que aquel bebé que comía, dormía y pedorreteaba me hacía inmensamente feliz solo por el hecho de estar. Hoy este bebé gruñón, risueño, parlanchín, terremoto y juguetón me recuerda cada día que la felicidad se encuentra en el más mínimo detalle y me hace entender que no hay amor mas puro y más grande que el que se tiene a un hijo.

Feliz Navidad

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