Horror: piojos

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Creemos que el calendario escolar es también el calendario de los piojos. Pues es falso. La pediculosis (o como se llama técnicamente a los piojos) puede aparecer en cualquier época del año y a nosotros nos tocó en pleno mes de julio, con el calorazo de la ola de calor africano azotando Madrid, la tentación de un chapuzón en la piscina a la mínima gota de sudor y el deseo de ponerse gorra a la primera de cambio.
Llevábamos un par de días notando que la peque se radicaba mucho la cabeza, pero ya el último día, viéndola que tenía hasta desazón, decidimos llevarla al pediatra, convencidos de que lo que le picaba era un nuevo brote de dermatitis y que las cositas blancas de su cuero cabelludo eran las pieles muertas que aparecían por la misma.
Nada más lejos de la realidad: "Esto son liendres", dijo la pediatra.
Y es que, por lo visto, es muy fácil confundir a los huevos de los piojos con granitos de caspa, pero también la mar de sencillo identificar unos de otros. Aquí, alguna…

Dientes...dientes

Nos acercábamos peligrosamente al primer cumple de la peque cuando algo "rasposo" se asomó tímidamente en su encía inferior. Ni las babas de los seis meses, ni el toqueteo constante de su dedo en la boquita, ni el culete enrojecido a los siete, ocho o nueve meses de edad fueron síntomas de su incipiente dentición. Y, lejos de cumplirse las predicciones de abuelas y tías abuelas, hasta los 11 meses no "echó" el primer paleto.

Todavía me acuerdo, como si hubiera sido ayer: volvíamos de un agradable día en familia, en el coche, charlando de lo divertido de la jornada, de lo rica que había estado la comida y de lo bien que se lo había pasado la peque cuando, ni corta ni perezosa, comenzó a chillar. Era un berrinche de dolor, de rabia... Pocas veces creó que la he escuchado llorar así...

Le acaricié la mejilla y sin saber por qué, me dio por meterle el dedo en la boca: y ahí estaba, algo que raspaba, que le había roto la encía y que a la pobrecita mía le estaba causando tremendo sufrimiento. También es cierto que, tal como le vino la rabieta, se le fue... Y así anduvimos bastante tiempo, hasta que descubrimos que hay "remedios" que le tranquilizaban...y mucho.

¿Qué hacer?

Lo primero
, mantener la calma. Sé que no se me conoce como Doña Paciencia, pero así es, queridos amigos. Paciencia y calma son los aliados para superar con éxito esta bonita etapa de nuestros hijos.

Lo segundo, coherencia.

Leí en Internet que un buen remedio era untarles las encías con paracetamol, que así les calmaba la molestia. Y nosotros, carne de consejo facilón, venga a darle friegas con el paracetamol. Y la nena que no calla, que sigue llorando, que le sigue doliendo...Resultado: visita al pediatra en busca de una recomendación experta.

De nada sirve untarle la encía con paracetamol. Por lo menos a nuestra pequeñaja no le funcionó. Sí, darle paracetamol, pero oral, según su peso, la dosificación adecuada. Cada 8 horas.

Cierto es que, ni para ella ni para mí, soy muy amiga de la automedicación..., así que lo del paracetamol ingerido sólo se lo ofrecí cuando ya vi que el dolor no se lo calmaba "ni el tato".

Lo tercero, haceos con un buen mordedor, de los que se meten en la nevera y están fresquitos...

Nosotros tuvimos varios...

El de suavinex, como éste:
 
 El de Nuk:



Y uno estilo chupete con bolitas automasajeantes para que pudiera morder y relajar...



Sólo funcionó el de Suavinex... Y no demasiado tiempo porque la pequeñaja acababa ofreciéndoselo siempre a la gata.

Cuarto: el consejo de mi madre en el que, erre que erre, insistía y que, aseguraba habérselo dado ya a mi hermano 27 años atrás. Nani Predental.

Tras consultarle al pediatra, nos comentó que era efectivo. Cierto es también que contiene benzocaína, y para muchas madres éste es el motivo principal por el que eliminarlo de la lista de los posibles.

Yo lo recomiendo. No para estar untándoselo constantemente, pero sí para calmarles los dolores que son incalmables. Para dárselo, por ejemplo, por la noche al ir a dormir, para que por lo menos concilien el sueño algo más tranquilitos y no tengan que estar luchando contra la molestia de los dientes.


El modo de empleo es muy sencillo: basta untar en las encías la cantidad de medio granito de arroz y extendérselo por la zona. La calma llega de inmediato. 


"Efectos secundarios" de la dentición

Además de los llantos inconsolables y las rabietas, una vez se ha visto que la causa de todos sus males es que les están saliendo los dientes, llegan otros "efectos" que, relacionados o no, también tienen que ver con esta etapa.

En el caso de la pequeñaja fue, con cada diente, el culete enrojecido. Digo enrojecido por no alarmar innecesariamente..., porque en realidad hubo ocasiones en que la pobrecita parecía los monos del zoo. 

Además del enrojecimiento y del escozor que probablemente éste le producía, en ocasiones llegaron a salirle hasta heriditas. 

Nosotros, inmediatamente, lo asociamos a la dentición. 

El pediatra nos contradijo: que le salgan los dientes no le irrita el culete. La irritación viene producida por un aumento de la salivación y, con ella, de las bacterias que viajan con ella y le llegan al culete mediante las heces. 

(no me preguntéis por qué ni cómo...creo que no me enteré demasiado bien de la explicación del pediatra, pero venía a ser esto, más o menos). 

Y para el culete, otro tipo de remedios. Las cremitas y otras recomendaciones para esta zona del cuerpo, en esta entrada.

Otros nenes seguro que experimentan otras cosas y les pasan otras también muy diferentes a las nuestras. Sin ir más lejos, y siempre según mi madre, cuando la que aquí escribe era bebé y le estaban saliendo los dientes, con lo que tenían que lidiar era con la fiebre. Por lo visto, con cada dientecito, me subía la temperatura unas décimas. 

Cada nene, un mundo, como en todo. 



P.D.: Noe, espero que algo te haya servido la entrada. Has visto, ¿eh? ¡¡Dicho y hecho!! ;)

Comentarios

  1. Ya asoma su primer diente😱😱😱😱😱😱

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    1. Pues ya sabes: altas dosis de paciencia, cero nervios, mucho cariñito y kilos y kilos de mordedores fresquetes para calmarle las encías.
      Nuestra peque anda ahora dando la bienvenida a su primer colmillo!

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