Cogerle el gusto a la comida

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Tenemos toda la equipación para salir airosas en la introducción de la alimentación complementaria de la pequeña: tenemos cuchara de plástico, de un tamaño lo suficientemente pequeño como para que le quepa en la boca y no le haga daño, tenemos plato/cuenco hondo, tenemos trona (la evolutiva de Jané) y tenemos babero...
Ahora bien, ¿Es necesario todo este despliegue para dar de comer a un bebé de seis meses y medio? Está claro que no. Porque hasta para darles de comer fruta, no hace ni falta un triturador: la peque se come el plátano que da gusto: chafado con un tenedor, chupeteándolo con sus encías... También los gajos de naranja y mandarina. 
Pero no, nosotros no somos 100% de baby led weaning...
Sobra decir aquí que come con cuchara, que sólo hemos probado a hacer blw con la fruta y alguna que otra judía verde y que tratamos de variar el menú de cada día con diferentes combinaciones de verduras y pollo, verduras y arroz, arroz con pavo...y verduras... además de la fruta, que altern…

La paciencia

Cada día estoy más convencida de que ese don con el que se me dotó al nacer, se esfumó de mi carácter con el último empujón para sacar de mi cuerpo la placenta. Sí, desde que soy madre, tengo menos paciencia. Menos aguante. Más nervios.

Y es que, como mami, me siento afortunada por tener una hija como la que tengo. Feliz porque cada una de sus sonrisas me indica cada día que ella también lo es. Pero no, no pertenezco al selecto club de las madres sosegadas y pacientes. Dr las que arreglan cada enfado por una trastada con una sonrisa y una palmadita en la espalda del pequeñajo o pequeñaja.

Al contrario, me enfado. Trato de no gritar, pero los nervios me taladran la cabeza. Me agobio. Me ofusco...hasta que se me pasa porque veo que no hay mayor solución que dejarlo pasar y continuar con lo que se está haciendo.

Trato de enseñar a mi hija de casi dos años que no se tira el yogur al suelo, que la gatita no merienda jamón york, que el móvil no se tira al váter o que lo que está en la basura, en la basura se queda. A veces salen bien las enseñanzas. Otras no. Y llego a pensar que a la próxima, me hará caso.

Tengo que cambiar ese aspecto de mí. Más que nada, para evitar infartarme antes de llegar a los 40...

Gajes del oficio, dicen.

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