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Cuentacuentos y parque de bolas

Ayer fue una tarde especial. Lo que prometía anodino, yendo al parque de debajo de casa, con carreras detrás de la pequeñaja porque se escapa hacia adentro de algún portal, con robos manifiestos de los muñecos del resto de niños...se convirtió en una tarde especial.

Fuimos, por casualidad porque el tiempo comenzó a estropearse en cuanto salimos por el portal, al Centro Comercial Tres Aguas. Es costumbre en mi familia aterrizar -vayamos al que vayamos- en la Casa del Libro. Y...voilà! Cuentacuentos. Había una chica contando e interpretando cuentos para niños de entre 0 y 5 años y la experiencia no pudo ser mejor.

Al cabo de unos 10 minutos escuchándola sentadita en la silla de paseo, la pequeñaja me pidió sentarse en el suelo con el resto de niños. Y, como sus deseos son órdenes, allí la acomodé.

Estuvo quieta (lo cual es más que un logro) los 20 minutos que duró la sesión de Cuentacuentos y sólo empezó a hacer de las suyas (levantándose, cogiendo un total de 6 cuentos para hojear) cuanto la cuentacuentos interpretó uno para niños un poco más mayores que, al parecer, a la peque le aburría más que los demás.

Después nos quedamos a un taller de pintura, que consistió en pintar un marcapáginas hecho con papiroflexia. Mil colorines aterrizaron sobre el pez de papel. Hasta color lápiz lleva encima el pobre...

Para redondear la tarde, la peque jugó en el parque de bolas del Centro Comercial. Cómo se reía. Qué carcajadas soltaba. Se tiraba a la piscina de bolas y se volvía a levantar como si se le fuera la vida en ello.

Y después de dos horas dando vueltas entre la Casa del Libro y el parque de bolas decidimos que ya era momento de volverse a casa.

Resultado: una divertida tarde en un Centro Comercial jugando, escuchando Cuentacuentos y pintando. Creo que será una muy buena alternativa de ocio para las tardes de otoño que están a punto de llegar.

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