Cogerle el gusto a la comida

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Tenemos toda la equipación para salir airosas en la introducción de la alimentación complementaria de la pequeña: tenemos cuchara de plástico, de un tamaño lo suficientemente pequeño como para que le quepa en la boca y no le haga daño, tenemos plato/cuenco hondo, tenemos trona (la evolutiva de Jané) y tenemos babero...
Ahora bien, ¿Es necesario todo este despliegue para dar de comer a un bebé de seis meses y medio? Está claro que no. Porque hasta para darles de comer fruta, no hace ni falta un triturador: la peque se come el plátano que da gusto: chafado con un tenedor, chupeteándolo con sus encías... También los gajos de naranja y mandarina. 
Pero no, nosotros no somos 100% de baby led weaning...
Sobra decir aquí que come con cuchara, que sólo hemos probado a hacer blw con la fruta y alguna que otra judía verde y que tratamos de variar el menú de cada día con diferentes combinaciones de verduras y pollo, verduras y arroz, arroz con pavo...y verduras... además de la fruta, que altern…

Fin de las vacaciones y vuelta al currele

El 1 de septiembre nunca supuso un trauma para mí. Tampoco soy de las que dicen sufrir el síndrome postvacacional porque, sí, se está a gustísimo de vacaciones (en casa, en la playa, en el pueblo o donde sea), es perfecto no madrugar, pasarse el día con el dilema existencial de '¿me como un helado o prefiero un refrigerio?'..., pero también me gusta mi trabajo, qué le vamos a hacer.

Lo que no me gusta es separarme de mi pequeñaja, sea la vuelta de las vacaciones o sea primeros de año. Con el paso de los meses lo he ido llevando mejor, pero me temo que Clau lo ha hecho al contrario: más a peor.

Este domingo pasado tuvimos una conversación madre-hija en la que traté de explicarle que mami tendría que ir a trabajar al día siguiente, que si se echaba la siesta, cuando se despertase, ahí iba a estar de nuevo para jugar con ella y comer salchichón (sí, es una de las cosas que nos hemos traído en la maleta: el gusto por el espetec o 'chachichón', como lo llama ella).

Cuando terminé, me miró con ojitos alegres y me dio un abrazo. Yo creo, sinceramente, que no se enteró de nada y que creyó que le estaría contando un cuento chino para mantenerla atenta.
Muy a mi pesar, esa madrugada (y se ha repetido en la de ayer) estuvo llamándome varias veces. No le bastaba con verme, quería que la tocara, que me recostara con ella en la cama, que la hablase bajito... que le diese mimos, vamos.

Por la mañana, cuando salí de casa, me contó mi marido que me llamaba sin parar y cuando se despertó continuó haciéndolo.

Tanto ayer como hoy ha estado muy mimosa e incluso desganada para jugar, según me ha contado mi madre.

Conmigo, a mi vuelta del trabajo, como siempre: mimosa, cariñosa y con grandes dosis de mamitis aguda.

Qué le podemos hacer. Como en todo: paciencia y buen humor.

Bienvenidas a la realidad a todas la mamis trabajadoras que, como yo, tenemos que vivir esta vuelta de esta manera.

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