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Cosas de críos

Claudia aún es muy pequeña para entender el por qué de todas esas luces, espumillones, árboles adornados y muñequitos para el Belén. También -o eso pensé yo- para comprender quién es ese señor con barba blanca que lucen orgullosas las tiendas del barrio, a tamaño natural para más inri, y que se ríe con un sonor 'ho, ho, ho' cuando te acercas.

Pues bien, una breve explicación tradicional del tipo "Es Navidad y en Navidad, los niños que se han portado medio bien (que no es plan de marginar a los más traviesos) reciben regalitos por parte de Papá Noel". Esto, sumado a la ayuda que ha podido ver en sendos capítulos de Peppa Pig y Caillou, ha hecho que cada vez que salimos a la calle, me pida ir a ver al Papa Noel que tiene barba en la cara y que hace 'ho, ho, ho'.

Cuando estamos frente a él (o frente a cualquier otro muñequito similar de cualquier escaparate), le pide colonias de Frozen, chuches de 'pitimaus' (Mickey Mouse) o 'sabón de bebe' (Jabón para bebés). Se lo pide seria, mirándole a los ojos y creyendo la pobrecita mía que le está escuchando y que como se porta 'medio bien', puede que le traiga algún 'lelalo' (regalo).

Me sorprende cómo va cambiando su percepción de las cosas, lo fácil que es hacerle comprender las cosas y lo útil que sería siempre explicarle que se porte bien mediante la técnica del intercambio (o, para entendernos, mediante el chantaje: si no te portas bien, no hay regalos). No soy mucho de hacer esto último, precisamente porque no quiero que dentro de unos años lo que para mí hubiera sido fácil, ha acabado convirtiendo a mi hija en una niña caprichosa que sólo se mueve por el interés.

Me sorprende también que le llamen la atención los espumillones, más allá de lo adornados o lo bonitos que pueden llegar a estar los árboles de Navidad, que mire por la ventana dirigiendo su vista al cielo cada tarde, esperando ver a los Reyes Magos algún día de estos. Me sorprende mucho su inocencia, pero no puedo esperar menos de una niña de dos años.

Me sorprende y me gusta poder expresar mi alegría porque la Navidad me gusta mucho y porque creo que ahora es cuando más puede no dejar uno de ser, pensar y actuar como un niño (aplíquese esto también en verano con el sol, invierno en la nieve y primavera con las primeras florecillas).

A lo que quiero llegar es que, a medida que la pequeñaja se va haciendo mayor, más noto que puedo disfrutar de cosas que, por crecer y ser adultos, dejamos olvidadas en la cuneta, pensando que son cosas de críos.


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