Horror: piojos

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Creemos que el calendario escolar es también el calendario de los piojos. Pues es falso. La pediculosis (o como se llama técnicamente a los piojos) puede aparecer en cualquier época del año y a nosotros nos tocó en pleno mes de julio, con el calorazo de la ola de calor africano azotando Madrid, la tentación de un chapuzón en la piscina a la mínima gota de sudor y el deseo de ponerse gorra a la primera de cambio.
Llevábamos un par de días notando que la peque se radicaba mucho la cabeza, pero ya el último día, viéndola que tenía hasta desazón, decidimos llevarla al pediatra, convencidos de que lo que le picaba era un nuevo brote de dermatitis y que las cositas blancas de su cuero cabelludo eran las pieles muertas que aparecían por la misma.
Nada más lejos de la realidad: "Esto son liendres", dijo la pediatra.
Y es que, por lo visto, es muy fácil confundir a los huevos de los piojos con granitos de caspa, pero también la mar de sencillo identificar unos de otros. Aquí, alguna…

El susto y la señora fea

Nuestra casa no es muy grande que digamos. El pasillo puede recorrerse en prácticamente cuatro pasos, por lo que en un abrir y cerrar de ojos te plantas tanto en el salón como en el baño, y eso que ambas estancias se encuentran de punta a punta del piso.

Pues..., pese al tamaño de la vivienda y a que oficialmente vivimos tres y una gata, la pequeñaja últimamente siempre encuentra huecos ocultos para descubrir a la 'señora fea', que no es otra que la madrastra de Blancanieves que ha visto dibujada en uno de sus cuentos. 

Ha debido de impresionarle tanto a la pobre el personaje que ha pasado de ofrecerle cena a temer que se encuentre al otro lado de la puerta de su habitación y la dé un susto. Y me parece curioso que el miedo se haya adueñado de cada uno de los pasos que la enana recorre a oscuras por la casa, cuando hace prácticamente un mes, no había luz ni penumbra que la detuviera. 

De hablar con la 'señora fea' mientras cena, de ofrecerla manzana para merendar o preguntarle 'Qué ta estás señolla fea', ha pasado a no querer ni mirar debajo de la mesa si se le ha escapado algún juguete, a abrir los ojos como si se le hubieran pegado los párpados a las cejas si de repente escucha un ruido más alto de lo normal o si los vecinos mueven una silla y pareciera que estuviera ocurriendo en la habitación de al lado. Todo le da susto.

¿Qué ha despertado sus miedos? Si me pregunto esto y si lo escribo es para asentar la certeza de que un disfraz feo feo feo que uno de mis primos se puso hace cosa de un mes (con una máscara de Scream incluida) ha sido el causante de este miedo repentino de la pequeñaja.

"No podemos imaginar aquello que no hemos visto"...

Tremendo susto fue el que se llevó la pobrecita cuando vio a mi primo vestido de no se sabe qué, saliendo del cuarto de baño. Abrió los ojos, me llamó e inmediatamente, pero sin quitarle ojo de encima, vino corriendo a abrazarme.

Desde ese día, ve sustos por todos los lados. 

La broma, inocente pero cruel para una enana de dos años, no ha hecho más que despertar sus sustos, sus miedos, sus temores a caminar a oscuras por casa o a entrar con la luz apagada en cualquier habitación. Nada, que se niega a hacerlo si no es de la mano de mami.

Dicen que los miedos aparecen en el niño a medida que éste se va haciendo más racional y, por tanto, desaparecen cuando se hacen aún más racionales. También que los miedos son evolutivos y normales. 

Pero, ¿qué hacemos para sobrellevar este cambio de actitud de la peque?


Para empezar, hemos comprado una pequeña lamparita de luz LED, que, con la pinza que tiene en su base, permite ser colocada en cualquier estantería, saliente de una mesa o base que sobresalga, para que la pinza agarre. Por supuesto, es rosa. 


Parece que el tener la luz medio encendida cuando la peque se va a dormir, ha facilitado que las primeras noches (3, en total) no haya pedido ansiosamente que nos quedásemos viendo cómo se duerme desde el otro lado de la puerta. 

Tres noches han bastado para que nos pida al irse a dormir que apaguemos la luz.

Tres días, nos ha ayudado el invento, así que para aprovechar lo utilísimo que es, ahora lo puedo emplear yo para leer en la cama. 

Continuando e intentando entender a la pobrecita, lo que mejor podemos hacer es tener paciencia, explicarle a cada poco que no hay señora fea que valga, que no hay susto y que el ruido que se oye en el techo de casa es de los vecinos, que al parecer son poco cuidadosos a la hora de mover las sillas (esto no se lo explicamos así, evidentemente).

Intentamos jugar con ella sin dar importancia a que la luz esté o no encendida, a que a causa de la farola de la calle se refleje en su habitación alguna sombra extraña. No hay susto y el susto que se llevó fue porque mi primo se había disfrazado. 

Otro intento: tenemos una máscara en casa con forma de jirafa, así que estos días hemos estado jugando a ponérnosla y a ponérsela, a que se quita y se vuelve a colocar y da igual, porque con careta o sin ella, siempre sigue siendo mami quien está detrás. Y parece que esto empieza a convencerla un poco.

Sé que no será cosa de un día y de que, si se trata de un proceso evolutivo y de maduración de su parte racional, ahora son estos miedos inocentes y mañana serán otros. 

Y, con una sonrisa de medio lado, como digo yo, pienso en lo bonito sería volver a tener este tipo de miedos. Ya de adultos, los miedos son otros, no tan inocentes ni cuentan con soluciones tan rosas y luminosas como las que empleamos para nuestra pequeñaja.  


Para profundizar en el tema, os dejo algunos artículos que me han parecido interesantes:

1. http://www.bebesymas.com/desarrollo/de-repente-tiene-miedo-a-muchas-cosas-que-antes-no-le-asustaban

2. http://www.guiainfantil.com/educacion/temasespeciales/miedos/tienemiedos.htm

3. http://psicodiagnosis.es/areageneral/ciclo-evolutivo/los-miedos-infantiles/index.php

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