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¿Reyes o Papá Noel?



Si todo se tiene que reducir a debates... comencemos esta entrada con uno que resuena desde hace varias semanas y que a veces se termina con un 'En mi casa, somos más de Reyes'.

Partimos de la base de que la Navidad es, por excelencia, la época de la ilusión. Que en una casa con niños, estas fechas -por triste que puedan ser para algunos- se vive de otra manera. Y, lleguen los regalos por parte del gordinflón barbudo o lo hagan de parte de los tres magos, es importante saber transmitir ilusión a los más pequeños y, por qué no, contagiarse de ella.

Yo siempre he sido de Reyes. Para qué negarlo.

Cuando papis a mi alrededor hablaban de preparar los regalos de Papá Noel para los más peques de la casa, nunca llegué a entenderlos del todo... Hasta que tuve una hija y caí. Eso sí, advirtiéndole que ese señor sólo trae 1 regalo al niño que viva en la casa (razón por la cual, a los mayores no nos trae nunca nada...) ·porque en mi casa siempre fuimos más de Reyes'.

Y versiones para justificar un regalo en la noche del 24 de diciembre ya he oído varias: desde la familia que explica a los niños que son los pajes reales los que, a la espera de que los Reyes magos hagan su entrada en un par de semanas, han dejado unos presentes para los más pequeños hasta, en familias más católicas, que es el Niño Jesús el que les hace un regalito para celebrar su nacimiento.

Esto, sin olvidarnos de que en el País Vasco es el Olentzero el que visita los hogares. Ahí no hay cuestión alguna que plantearse.

Versiones, muchas. Resultados, uno: se ilusiona a la alegría de la casa.

En relación a esto, surge otro debate: ¿hasta cuándo hay que mantener 'la gran mentira' a nuestros hijos?, ¿es bueno prolongarlo mucho?

Aquí, no tengo nada que decir, porque creo que todos hemos vivido ese momento en que nos enterábamos de quién dejaba en realidad los regalos y aquí seguimos, vivitos y coleando, planteándonos cuándo dejar los regalos a los niños sin hacer demasiado ruido para que no nos oigan y sigan durmiendo como tal.

Que cada niño lo descubra por sí mismo... ¿por qué arrancarles la ilusión? Si viésemos todo con la mirada con la que ellos descubren el mundo, otro gallo nos cantaría.

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