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Conciliación laboral: ¿Existes?

Nunca me ha dado por hablar de trabajo en el blog y mucho menos de contar mi situación laboral, pero viendo que se acerca la llegada de mi segundo bebé y que muchas mujeres de mi entorno este año también se han embarazado, me parece interesante que hablemos de conciliación.

¿Es que eso existe?

Sí, existe o al menos puede que yo me sienta una privilegiada porque sí puedo conciliar.

Hace poco, me hicieron una entrevista para un medio nacional en el que se abordaba el tema de la conciliación y de las posibilidades de teletrabajar en nuestro país. Le contaba a la periodista mi caso y se llevaba las manos a la cabeza porque consideraba que lo que yo hacía no era conciliar. No estuve en ese momento ni lo sigo estando para nada de acuerdo con ella.

Entro a trabajar a las 8 de la mañana y salgo sobre las 15:00. Este horario, a priori reducido, me permite ir a buscar todos los días a mi hija al colegio. Echando cuentas, a la semana no cubro las 40 horas semanales que se me exigen según contrato con la empresa, con lo que se me permite 'recuperar' esa hora diaria que me faltaría para ello, teletrabajando desde casa. No es necesario, además, que sea una hora fija todos los días. Puedo administrar los tiempos como considere, con lo que repartiendo el teletrabajo bien de lunes a jueves por las tardes, puedo permitirme no trabajar por las tardes algunos viernes desde casa.

No hay más.

A mí esto me permite conciliar, si por ello se entiende la capacidad de administrar tiempo de trabajo y familia a partes iguales. Al menos, a mí me permite hacerlo de una manera que para mí es cómoda. Se adapta totalmente a mis necesidades actuales y me siendo a gusto y satisfecha. ¿No es ése el objetivo?: estar a gusto, satisfechos y cumplir por ambas partes.

Es algo que, por ejemplo, mi marido no puede hacer: por ser autónomo y por gestionar él sólo su propio negocio: si no trabaja, no cobra. Si no trabaja, no salen los pedidos y su negocio no avanza. Si no trabaja... va a poder conciliar pero bien, pero una de las dos patas se le acaba yendo al traste.

Luego ya está el tema de trabajar fuera y seguir trabajando en casa. Lo cual daría para otro debate intenso, pero aparte.

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