A mis hijas

Os quiero. Gracias por enseñarme a ser mamá, cada día, porque viéndoos crecer, reír, dormir, llorar, jugar... me doy cuenta de que algo bien lo estoy haciendo cuando estáis llenas de vida. Si hace unos años me hubieran preguntado qué me hace feliz, habría enumerado una larga lista de cosas. Hoy lo tengo claro: vosotras, que sois mi mayor proyecto de futuro, con el que deseo superarme cada día y aprender.Veros me demuestra todo lo que nos queremos papá y yo y que merece la pena dar el salto al vacío que supone tener hijos... Porque, y espero que lo experimentéis algún día, ser madre es lo más duro, pero a la vez lo más satisfactorio que podréis hacer nunca.Nadie te avisa ni te orienta... todo se hace avanzar tomándole la mano al instinto, que es muy sabio. Teneros cerca y disfrutaros, pero también el poder recordar vuestro olor y vuestras risas cuando estoy lejos nos hace estar unidas por más de una hebra roja, por miles de hebras Irrompibles, eternas.Sois y seréis la mayor responsabil…

Nuestro colecho

Aunque la RAE no reconoce el término 'colechar', esta palabra es una de las constantes entre las mamis que leen, hablan, viven y creen en la llamada crianza con apego. También de las que no creen en ello y de las que prefieren la cuna al lado de la cama con el bebé 'en su sitio' porque consideran que esto es incómodo. En muchos catálogos de puericultura incluso verás cunas 'de colecho' o, lo que es lo mismo, cunas que permiten ser una ampliación de la cama de los papás, prolongando la superficie en la que el bebé duerme cerca de ellos.

¿Por qué este post? Pues simple y llanamente porque tengo una amiga que está hoy mismo ingresada dando a luz a su primera hija y hace unos días me comentaba que sería un buen tema sobre el que hablar en el blog. Yo, sin embargo, nunca me he visto en la necesidad porque nuestras prácticas de colecho son espontáneas. Me explico: colechamos por comodidad (me es mucho más cómodo acostar a la bebé en mi cama para darle el pecho las dos, tres o hasta cuatro veces que se despierta de madrugada, que tenerla en la cuna y levantarme para cogerla, darle de comer y volver a tumbarla), Sí, colechamos por vaguería de la mamá, para qué voy a negarlo.

Con nuestra primera hija leí mucho y continué leyendo mucho. Escuché muchos comentarios también que nos decían que dormir con el bebé era antihigiénico, que podíamos aplastarlo en cuanto nos diéramos la vuelta si la niña estaba entre nosotros en la cama... Y más allá de tomarme a pies juntillas todos estos comentarios y tratar de desterrarlos, coleché por comodidad alguna vez y algún otro día preferí llevarme a nuestra pequeña a la cama por la mañana temprano porque me gustaba sentirla cerca antes de levantarme para empezar el día. Pero procuré acostarla en su cuna la mayoría de las veces, porque era imposible conciliar el sueño con ella al lado.

Ahora, con nuestra segunda bebé, mucho más tranquilota que la primera, pero el doble de tragona, preferimos hacerlo así. Colechamos si se quiere. Dormimos con ella, con cuidado de no aplastarla ni de provocarme terribles sufrimientos al caer sobre ella si nos damos la vuelta y no nos percatamos de que duerme ahí con nosotros.


No es, sin embargo, algo nuevo

Pero colechar (entendido como dormir con alguien) no es algo nuevo, algo propio de hippies o de las modernidades éstas de la crianza con apego. No.

Dormir con el bebé es algo que se ha hecho siempre. Que abuelas cuentan que hacían porque no tenían cuna, porque querían o porque era algo habitual, que ni se cuestionaba ni se tenía en cuenta como algo extraño en las familias con bebés en casa.

Algunos estudios dicen que es beneficioso para los bebés porque siente a la mamá cerca de él y permite que éste esté más tranquilo por la noche y duerma mejor (aquí, un minipunto de mamiprimi, porque certifico que es verdad), pero que no lo es tanto para los padres porque pierden intimidad.

Para nosotros ni fú ni fa. Estamos más cómodos con ella en la cama y seguimos sintiéndonos pareja, sólo que ahora, y de momento, compartimos colchón con una bebé de mes y medio.

Esto, como en todo, varía según las familias, los gustos y las apetencias de cada familia.

A nosotros de momento nos va bien haciendo lo que hacemos. Quizá dentro de un mes, dos, tres o los que sean, preferimos dejar de hacerlo.

Cada cual que haga lo que le apetezca cuando le apetezca...

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