Cogerle el gusto a la comida

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Tenemos toda la equipación para salir airosas en la introducción de la alimentación complementaria de la pequeña: tenemos cuchara de plástico, de un tamaño lo suficientemente pequeño como para que le quepa en la boca y no le haga daño, tenemos plato/cuenco hondo, tenemos trona (la evolutiva de Jané) y tenemos babero...
Ahora bien, ¿Es necesario todo este despliegue para dar de comer a un bebé de seis meses y medio? Está claro que no. Porque hasta para darles de comer fruta, no hace ni falta un triturador: la peque se come el plátano que da gusto: chafado con un tenedor, chupeteándolo con sus encías... También los gajos de naranja y mandarina. 
Pero no, nosotros no somos 100% de baby led weaning...
Sobra decir aquí que come con cuchara, que sólo hemos probado a hacer blw con la fruta y alguna que otra judía verde y que tratamos de variar el menú de cada día con diferentes combinaciones de verduras y pollo, verduras y arroz, arroz con pavo...y verduras... además de la fruta, que altern…

Celebramos el cuarto cumpleaños de la hermana mayor



La semana pasada celebramos el cuarto cumpleaños de la recién estrenada hermana mayor.

Invitamos a los primos y a tres amigas del cole y, a diferencia de las otras celebraciones de cumple de años pasados, en esta ocasión nos hemos decidido por un local de fiestas infantiles. ¿Por qué? Pues simple y llanamente porque el espacio en casa es reducido y somos conscientes de que con el paso de los años cada vez los invitados van a tener menos edad y van a ser más numerosos. Además, miramos la previsión del tiempo y vimos que lo mismo llovía así que, ¿para qué arriesgarnos?

El elegido fue Oceania Park, un nuevo local de fiestas infantiles que han abierto cerca de casa y que nos convenció desde el primer vistazo.

La fiesta fue simple pero muy divertida: parque de bolas para los niños, disfraces, pintacaras, merienda y tarta. Ellos se lo pasaron fenomenal porque pudieron corretear por el local, jugar a encestar, disfrazarse, tirarse y revolcarse por las bolas de la piscina de bolas... y los mayores, tan a gusto tomando nuestro refresco y viendo cómo los pequeños hacían de cabras montesas por toda la habitación.

Y a lo tonto, ya han pasado cuatro años desde que llegó. Cuatro intensos años en los que, sobre todo, hemos aprendido mucho la una de la otra, en la que nos hemos conocido ambas y hemos disfrutado de cada segundo, en los que hemos aprendido que es peor no dormir que no comer, que la paciencia es infinita y que todo tiene el límite que tú le quieras marcar. Cuatro años que, personalmente, me han enseñado a ser mamá, que me han mostrado lo mejor pero también lo peor de mí, que me han hecho ser más fuerte e inquieta y que me han hecho aprender mucho y a valorar los pequeños detalles que antes se me pasaban desapercibidos. Cuatro años que me han llevado de nuevo a la infancia.

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