Horror: piojos

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Creemos que el calendario escolar es también el calendario de los piojos. Pues es falso. La pediculosis (o como se llama técnicamente a los piojos) puede aparecer en cualquier época del año y a nosotros nos tocó en pleno mes de julio, con el calorazo de la ola de calor africano azotando Madrid, la tentación de un chapuzón en la piscina a la mínima gota de sudor y el deseo de ponerse gorra a la primera de cambio.
Llevábamos un par de días notando que la peque se radicaba mucho la cabeza, pero ya el último día, viéndola que tenía hasta desazón, decidimos llevarla al pediatra, convencidos de que lo que le picaba era un nuevo brote de dermatitis y que las cositas blancas de su cuero cabelludo eran las pieles muertas que aparecían por la misma.
Nada más lejos de la realidad: "Esto son liendres", dijo la pediatra.
Y es que, por lo visto, es muy fácil confundir a los huevos de los piojos con granitos de caspa, pero también la mar de sencillo identificar unos de otros. Aquí, alguna…

Celebramos el cuarto cumpleaños de la hermana mayor



La semana pasada celebramos el cuarto cumpleaños de la recién estrenada hermana mayor.

Invitamos a los primos y a tres amigas del cole y, a diferencia de las otras celebraciones de cumple de años pasados, en esta ocasión nos hemos decidido por un local de fiestas infantiles. ¿Por qué? Pues simple y llanamente porque el espacio en casa es reducido y somos conscientes de que con el paso de los años cada vez los invitados van a tener menos edad y van a ser más numerosos. Además, miramos la previsión del tiempo y vimos que lo mismo llovía así que, ¿para qué arriesgarnos?

El elegido fue Oceania Park, un nuevo local de fiestas infantiles que han abierto cerca de casa y que nos convenció desde el primer vistazo.

La fiesta fue simple pero muy divertida: parque de bolas para los niños, disfraces, pintacaras, merienda y tarta. Ellos se lo pasaron fenomenal porque pudieron corretear por el local, jugar a encestar, disfrazarse, tirarse y revolcarse por las bolas de la piscina de bolas... y los mayores, tan a gusto tomando nuestro refresco y viendo cómo los pequeños hacían de cabras montesas por toda la habitación.

Y a lo tonto, ya han pasado cuatro años desde que llegó. Cuatro intensos años en los que, sobre todo, hemos aprendido mucho la una de la otra, en la que nos hemos conocido ambas y hemos disfrutado de cada segundo, en los que hemos aprendido que es peor no dormir que no comer, que la paciencia es infinita y que todo tiene el límite que tú le quieras marcar. Cuatro años que, personalmente, me han enseñado a ser mamá, que me han mostrado lo mejor pero también lo peor de mí, que me han hecho ser más fuerte e inquieta y que me han hecho aprender mucho y a valorar los pequeños detalles que antes se me pasaban desapercibidos. Cuatro años que me han llevado de nuevo a la infancia.

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