Cosas que olvidarás (olvidaremos) de cuando eras bebé

Pasan los meses a la velocidad del rayo. Tan lentos las últimas semanas cuando te esperábamos y tan veloces estos primeros a tu lado... Qué le vamos a hacer, dicen que es ley de vida y que a medida que crecéis, mayor es la sensación de que el tiempo pasa volando.En nada, te plantas en tu primer cumpleaños como si nada y ya casi habremos olvidado tus gorgoritos de las primeras noches en casa. Esos ruiditos extraños que nunca supimos bien si se debían a tu rinitis de nacimiento o a que todos los bebés en sus primeros días de vida es normal que hagan. Tu olor al nacer, el que se quedó contigo los primeros días y el que grabé a fuego como un recuerdo precioso, también se diluirá entre esos otros olores a bebé que ayudan a potenciar las cremas hidratantes, la colonia y hasta las babas que sueltas.No se me olvidará, sin embargo, lo que sentí cuando te pusieron encima de mí plagada de vérnix: calor. Estabas muy calentita y en mi cabeza sólo cabía que tenía que arroparte más, que no quería qu…

Cuándo pasar del capazo a la silla de paseo


Mi bebé tiene ya cuatro meses y medio, sostiene bien la cabecita, es curiosa y le gusta mirar todo lo que tiene a su alrededor, sonríe y se sorprende... ¿Está preparada ya pasar pasar del capazo a la silla de paseo?

Se supone que hasta los seis meses, más o menos, es aconsejable mantenerlos en el capazo para el buen desarrollo de su espalda, pero me surge la duda de ¿por qué, sobre todo en países nórdicos, el uso del capazo en algunos carros no está tan extendido como en España? Fuera comparaciones, los especialistas recomiendan hacer el cambio cuando la mamá cree que su bebé ''ya está preparado'' para ir en la silla, cuando sostiene la cabeza o realmente cuando ya por tamaño no va cómodo en el capazo.

Mi bebé reúne todos estos requisitos y a todos se le une el hecho de que en invierno, con cuarenta capas de ropa para salir a la calle, además, ya no va nada cómoda tumbada en el capazo.

Además, un requisito más: mi peque ya es capaz de sostener más o menos su cabeza separando la barbilla del cuello.

No se trata de un requisito científico y ni siquiera me lo ha indicado el pediatra, pero digamos que éste fue el hecho que determinó que tanto mi hija mayor como ahora la pequeña, a los cuatro meses y medio pasaran a ser paseadas en la silla en lugar de continuar en el capazo.

El momento lo marca, como en muchas otras cuestiones, el instinto de la mamá. En cualquier caso, lo que sí da es cierta pena: de bebés chuiquitines e indefensos pasan a ser bebés chuiquitines e indefensos pero también curiosones. Van creciendo.

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