Horror: piojos

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Creemos que el calendario escolar es también el calendario de los piojos. Pues es falso. La pediculosis (o como se llama técnicamente a los piojos) puede aparecer en cualquier época del año y a nosotros nos tocó en pleno mes de julio, con el calorazo de la ola de calor africano azotando Madrid, la tentación de un chapuzón en la piscina a la mínima gota de sudor y el deseo de ponerse gorra a la primera de cambio.
Llevábamos un par de días notando que la peque se radicaba mucho la cabeza, pero ya el último día, viéndola que tenía hasta desazón, decidimos llevarla al pediatra, convencidos de que lo que le picaba era un nuevo brote de dermatitis y que las cositas blancas de su cuero cabelludo eran las pieles muertas que aparecían por la misma.
Nada más lejos de la realidad: "Esto son liendres", dijo la pediatra.
Y es que, por lo visto, es muy fácil confundir a los huevos de los piojos con granitos de caspa, pero también la mar de sencillo identificar unos de otros. Aquí, alguna…

Cuándo pasar del capazo a la silla de paseo


Mi bebé tiene ya cuatro meses y medio, sostiene bien la cabecita, es curiosa y le gusta mirar todo lo que tiene a su alrededor, sonríe y se sorprende... ¿Está preparada ya pasar pasar del capazo a la silla de paseo?

Se supone que hasta los seis meses, más o menos, es aconsejable mantenerlos en el capazo para el buen desarrollo de su espalda, pero me surge la duda de ¿por qué, sobre todo en países nórdicos, el uso del capazo en algunos carros no está tan extendido como en España? Fuera comparaciones, los especialistas recomiendan hacer el cambio cuando la mamá cree que su bebé ''ya está preparado'' para ir en la silla, cuando sostiene la cabeza o realmente cuando ya por tamaño no va cómodo en el capazo.

Mi bebé reúne todos estos requisitos y a todos se le une el hecho de que en invierno, con cuarenta capas de ropa para salir a la calle, además, ya no va nada cómoda tumbada en el capazo.

Además, un requisito más: mi peque ya es capaz de sostener más o menos su cabeza separando la barbilla del cuello.

No se trata de un requisito científico y ni siquiera me lo ha indicado el pediatra, pero digamos que éste fue el hecho que determinó que tanto mi hija mayor como ahora la pequeña, a los cuatro meses y medio pasaran a ser paseadas en la silla en lugar de continuar en el capazo.

El momento lo marca, como en muchas otras cuestiones, el instinto de la mamá. En cualquier caso, lo que sí da es cierta pena: de bebés chuiquitines e indefensos pasan a ser bebés chuiquitines e indefensos pero también curiosones. Van creciendo.

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