Destete tras una lactancia "prolongada"

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¿Qué es una lactancia prolongada? Prolongar significa alargar... y partiendo de esa base, la nuestra está siendo una lactancia prolongada, que hemos alargado más allá de los 24 meses, los dos años, los terribles dos años. Y es que somos muy obedientes y nos tomamos muy en serio las recomendaciones tanto de la AEPED (Asociación Española de Pediatría) y de la OMS (Organización Mundial de la Salud). Esta primera, afirma que, si bien "prolongar significa hacer que algo dure más tiempo de lo normal o establecido, el empleo de este término puede hacer pensar que la lactancia en niños mayores de un año se considera como algo que está 'más allá de las recomendaciones', cuando en realidad es un objetivo en salud materno-infantil.

En España y en mi círculo más próximo, dar el pecho más allá de los seis primeros meses ya es toda una proeza. No conozco muchas mamás que hayan decidido hacerlo. Las más, quizá llegan a los seis o incluso a los siete, pero hacerlo hasta los nueve ya es …

Cuándo pasar del capazo a la silla de paseo


Mi bebé tiene ya cuatro meses y medio, sostiene bien la cabecita, es curiosa y le gusta mirar todo lo que tiene a su alrededor, sonríe y se sorprende... ¿Está preparada ya pasar pasar del capazo a la silla de paseo?

Se supone que hasta los seis meses, más o menos, es aconsejable mantenerlos en el capazo para el buen desarrollo de su espalda, pero me surge la duda de ¿por qué, sobre todo en países nórdicos, el uso del capazo en algunos carros no está tan extendido como en España? Fuera comparaciones, los especialistas recomiendan hacer el cambio cuando la mamá cree que su bebé ''ya está preparado'' para ir en la silla, cuando sostiene la cabeza o realmente cuando ya por tamaño no va cómodo en el capazo.

Mi bebé reúne todos estos requisitos y a todos se le une el hecho de que en invierno, con cuarenta capas de ropa para salir a la calle, además, ya no va nada cómoda tumbada en el capazo.

Además, un requisito más: mi peque ya es capaz de sostener más o menos su cabeza separando la barbilla del cuello.

No se trata de un requisito científico y ni siquiera me lo ha indicado el pediatra, pero digamos que éste fue el hecho que determinó que tanto mi hija mayor como ahora la pequeña, a los cuatro meses y medio pasaran a ser paseadas en la silla en lugar de continuar en el capazo.

El momento lo marca, como en muchas otras cuestiones, el instinto de la mamá. En cualquier caso, lo que sí da es cierta pena: de bebés chuiquitines e indefensos pasan a ser bebés chuiquitines e indefensos pero también curiosones. Van creciendo.

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