Cogerle el gusto a la comida

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Tenemos toda la equipación para salir airosas en la introducción de la alimentación complementaria de la pequeña: tenemos cuchara de plástico, de un tamaño lo suficientemente pequeño como para que le quepa en la boca y no le haga daño, tenemos plato/cuenco hondo, tenemos trona (la evolutiva de Jané) y tenemos babero...
Ahora bien, ¿Es necesario todo este despliegue para dar de comer a un bebé de seis meses y medio? Está claro que no. Porque hasta para darles de comer fruta, no hace ni falta un triturador: la peque se come el plátano que da gusto: chafado con un tenedor, chupeteándolo con sus encías... También los gajos de naranja y mandarina. 
Pero no, nosotros no somos 100% de baby led weaning...
Sobra decir aquí que come con cuchara, que sólo hemos probado a hacer blw con la fruta y alguna que otra judía verde y que tratamos de variar el menú de cada día con diferentes combinaciones de verduras y pollo, verduras y arroz, arroz con pavo...y verduras... además de la fruta, que altern…

Cuándo pasar del capazo a la silla de paseo


Mi bebé tiene ya cuatro meses y medio, sostiene bien la cabecita, es curiosa y le gusta mirar todo lo que tiene a su alrededor, sonríe y se sorprende... ¿Está preparada ya pasar pasar del capazo a la silla de paseo?

Se supone que hasta los seis meses, más o menos, es aconsejable mantenerlos en el capazo para el buen desarrollo de su espalda, pero me surge la duda de ¿por qué, sobre todo en países nórdicos, el uso del capazo en algunos carros no está tan extendido como en España? Fuera comparaciones, los especialistas recomiendan hacer el cambio cuando la mamá cree que su bebé ''ya está preparado'' para ir en la silla, cuando sostiene la cabeza o realmente cuando ya por tamaño no va cómodo en el capazo.

Mi bebé reúne todos estos requisitos y a todos se le une el hecho de que en invierno, con cuarenta capas de ropa para salir a la calle, además, ya no va nada cómoda tumbada en el capazo.

Además, un requisito más: mi peque ya es capaz de sostener más o menos su cabeza separando la barbilla del cuello.

No se trata de un requisito científico y ni siquiera me lo ha indicado el pediatra, pero digamos que éste fue el hecho que determinó que tanto mi hija mayor como ahora la pequeña, a los cuatro meses y medio pasaran a ser paseadas en la silla en lugar de continuar en el capazo.

El momento lo marca, como en muchas otras cuestiones, el instinto de la mamá. En cualquier caso, lo que sí da es cierta pena: de bebés chuiquitines e indefensos pasan a ser bebés chuiquitines e indefensos pero también curiosones. Van creciendo.

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