Horror: piojos

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Creemos que el calendario escolar es también el calendario de los piojos. Pues es falso. La pediculosis (o como se llama técnicamente a los piojos) puede aparecer en cualquier época del año y a nosotros nos tocó en pleno mes de julio, con el calorazo de la ola de calor africano azotando Madrid, la tentación de un chapuzón en la piscina a la mínima gota de sudor y el deseo de ponerse gorra a la primera de cambio.
Llevábamos un par de días notando que la peque se radicaba mucho la cabeza, pero ya el último día, viéndola que tenía hasta desazón, decidimos llevarla al pediatra, convencidos de que lo que le picaba era un nuevo brote de dermatitis y que las cositas blancas de su cuero cabelludo eran las pieles muertas que aparecían por la misma.
Nada más lejos de la realidad: "Esto son liendres", dijo la pediatra.
Y es que, por lo visto, es muy fácil confundir a los huevos de los piojos con granitos de caspa, pero también la mar de sencillo identificar unos de otros. Aquí, alguna…

Cosas que olvidarás (olvidaremos) de cuando eras bebé

Pasan los meses a la velocidad del rayo. Tan lentos las últimas semanas cuando te esperábamos y tan veloces estos primeros a tu lado... Qué le vamos a hacer, dicen que es ley de vida y que a medida que crecéis, mayor es la sensación de que el tiempo pasa volando.

En nada, te plantas en tu primer cumpleaños como si nada y ya casi habremos olvidado tus gorgoritos de las primeras noches en casa. Esos ruiditos extraños que nunca supimos bien si se debían a tu rinitis de nacimiento o a que todos los bebés en sus primeros días de vida es normal que hagan.

Tu olor al nacer, el que se quedó contigo los primeros días y el que grabé a fuego como un recuerdo precioso, también se diluirá entre esos otros olores a bebé que ayudan a potenciar las cremas hidratantes, la colonia y hasta las babas que sueltas.

No se me olvidará, sin embargo, lo que sentí cuando te pusieron encima de mí plagada de vérnix: calor. Estabas muy calentita y en mi cabeza sólo cabía que tenía que arroparte más, que no quería que te enfriaras. Tal vez, porque deseaba que ese calor formase parte de mí un poquitín más.

Que no se nos olvide recordarte algún día que al cumplir tu cuarto mes me preocupaba que aún no te hubieras reído a carcajadas y un día, paseando con el carrito, bajé varios escalones y escuché tu risa. Ya no dejaste de hacerlo.

Tus primeros balbuceos, el tatatataaatatatataaaa... (¿Se  puede considerar tu primera palabra?).
El cordón se te cayó al segundo día de estar en casa. Nuestro vínculo...o eso dicen. El caso es que éste lo viví yo sola, al contrario que el de tu hermana, que fue casi un acontecimiento familiar. Así a veces son las cosas.

Me asustó siempre tu tos, tus moquetes y hasta tus estornudos. Qué se le va a hacer. Si hubiera sido todo más fácil y más perfecto, tal vez no tendría tantos miedos.

Espero que no se me olvide esta sensación que llevo conmigo desde que prácticamente naciste y que decidí guardarme con fuerza: la de disfrutar cada segundo de esta bimaternidad, la de sentirme feliz y muy zen, porque todo visto con tranquilo se paladea mejor. Y en ello estamos.

Comentarios

  1. Ay sí...Hay tantísimas cosas que no hay que olvidar! Yo no me acuerdo del olor al nacer! 😱😞Pero sí del momentazo de tenerla encima...😍

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