Cogerle el gusto a la comida

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Tenemos toda la equipación para salir airosas en la introducción de la alimentación complementaria de la pequeña: tenemos cuchara de plástico, de un tamaño lo suficientemente pequeño como para que le quepa en la boca y no le haga daño, tenemos plato/cuenco hondo, tenemos trona (la evolutiva de Jané) y tenemos babero...
Ahora bien, ¿Es necesario todo este despliegue para dar de comer a un bebé de seis meses y medio? Está claro que no. Porque hasta para darles de comer fruta, no hace ni falta un triturador: la peque se come el plátano que da gusto: chafado con un tenedor, chupeteándolo con sus encías... También los gajos de naranja y mandarina. 
Pero no, nosotros no somos 100% de baby led weaning...
Sobra decir aquí que come con cuchara, que sólo hemos probado a hacer blw con la fruta y alguna que otra judía verde y que tratamos de variar el menú de cada día con diferentes combinaciones de verduras y pollo, verduras y arroz, arroz con pavo...y verduras... además de la fruta, que altern…

Cosas que olvidarás (olvidaremos) de cuando eras bebé

Pasan los meses a la velocidad del rayo. Tan lentos las últimas semanas cuando te esperábamos y tan veloces estos primeros a tu lado... Qué le vamos a hacer, dicen que es ley de vida y que a medida que crecéis, mayor es la sensación de que el tiempo pasa volando.

En nada, te plantas en tu primer cumpleaños como si nada y ya casi habremos olvidado tus gorgoritos de las primeras noches en casa. Esos ruiditos extraños que nunca supimos bien si se debían a tu rinitis de nacimiento o a que todos los bebés en sus primeros días de vida es normal que hagan.

Tu olor al nacer, el que se quedó contigo los primeros días y el que grabé a fuego como un recuerdo precioso, también se diluirá entre esos otros olores a bebé que ayudan a potenciar las cremas hidratantes, la colonia y hasta las babas que sueltas.

No se me olvidará, sin embargo, lo que sentí cuando te pusieron encima de mí plagada de vérnix: calor. Estabas muy calentita y en mi cabeza sólo cabía que tenía que arroparte más, que no quería que te enfriaras. Tal vez, porque deseaba que ese calor formase parte de mí un poquitín más.

Que no se nos olvide recordarte algún día que al cumplir tu cuarto mes me preocupaba que aún no te hubieras reído a carcajadas y un día, paseando con el carrito, bajé varios escalones y escuché tu risa. Ya no dejaste de hacerlo.

Tus primeros balbuceos, el tatatataaatatatataaaa... (¿Se  puede considerar tu primera palabra?).
El cordón se te cayó al segundo día de estar en casa. Nuestro vínculo...o eso dicen. El caso es que éste lo viví yo sola, al contrario que el de tu hermana, que fue casi un acontecimiento familiar. Así a veces son las cosas.

Me asustó siempre tu tos, tus moquetes y hasta tus estornudos. Qué se le va a hacer. Si hubiera sido todo más fácil y más perfecto, tal vez no tendría tantos miedos.

Espero que no se me olvide esta sensación que llevo conmigo desde que prácticamente naciste y que decidí guardarme con fuerza: la de disfrutar cada segundo de esta bimaternidad, la de sentirme feliz y muy zen, porque todo visto con tranquilo se paladea mejor. Y en ello estamos.

Comentarios

  1. Ay sí...Hay tantísimas cosas que no hay que olvidar! Yo no me acuerdo del olor al nacer! 😱😞Pero sí del momentazo de tenerla encima...😍

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