Sorpresa: ¿las niñas tienen fimosis?

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Hace cosa de dos meses, mi primo ingresó con el segundo de sus tres hijos para que le operasen de fimosis. Estábamos en su casa cuando nos lo contó y mi comentario fue...: "menos mal que yo no tengo que pasar por esas cosas porque tengo niñas!". Ay, ay, cuánto han pesado esas palabras desde el pasado jueves, cuando en la revisión de los seis meses, tras el reconocimiento de la peque, la pediatra nos dijo que observaba cierta ligazón en la piel de la vulva, como si el orificio estuviera sellado.

"En los niños hablamos de fimosis y esto no es exactamente lo mismo, pero podríamos decir que aunque no lo veo muy grave, estamos ante un caso de sinequia vulvar".

Madre mía, no nos libramos de nada, pensé yo y evité echarme las manos a la cabeza porque soy de la opinión de que a no ser que el médico nos diga lo contrario, todo tiene solución.

Nos recomendó que cada tres días más o menos, con ayuda de un aceite de vitamina E 100%, probásemos a separar cuidadosamente con las …

Cosas que olvidarás (olvidaremos) de cuando eras bebé

Pasan los meses a la velocidad del rayo. Tan lentos las últimas semanas cuando te esperábamos y tan veloces estos primeros a tu lado... Qué le vamos a hacer, dicen que es ley de vida y que a medida que crecéis, mayor es la sensación de que el tiempo pasa volando.

En nada, te plantas en tu primer cumpleaños como si nada y ya casi habremos olvidado tus gorgoritos de las primeras noches en casa. Esos ruiditos extraños que nunca supimos bien si se debían a tu rinitis de nacimiento o a que todos los bebés en sus primeros días de vida es normal que hagan.

Tu olor al nacer, el que se quedó contigo los primeros días y el que grabé a fuego como un recuerdo precioso, también se diluirá entre esos otros olores a bebé que ayudan a potenciar las cremas hidratantes, la colonia y hasta las babas que sueltas.

No se me olvidará, sin embargo, lo que sentí cuando te pusieron encima de mí plagada de vérnix: calor. Estabas muy calentita y en mi cabeza sólo cabía que tenía que arroparte más, que no quería que te enfriaras. Tal vez, porque deseaba que ese calor formase parte de mí un poquitín más.

Que no se nos olvide recordarte algún día que al cumplir tu cuarto mes me preocupaba que aún no te hubieras reído a carcajadas y un día, paseando con el carrito, bajé varios escalones y escuché tu risa. Ya no dejaste de hacerlo.

Tus primeros balbuceos, el tatatataaatatatataaaa... (¿Se  puede considerar tu primera palabra?).
El cordón se te cayó al segundo día de estar en casa. Nuestro vínculo...o eso dicen. El caso es que éste lo viví yo sola, al contrario que el de tu hermana, que fue casi un acontecimiento familiar. Así a veces son las cosas.

Me asustó siempre tu tos, tus moquetes y hasta tus estornudos. Qué se le va a hacer. Si hubiera sido todo más fácil y más perfecto, tal vez no tendría tantos miedos.

Espero que no se me olvide esta sensación que llevo conmigo desde que prácticamente naciste y que decidí guardarme con fuerza: la de disfrutar cada segundo de esta bimaternidad, la de sentirme feliz y muy zen, porque todo visto con tranquilo se paladea mejor. Y en ello estamos.

Comentarios

  1. Ay sí...Hay tantísimas cosas que no hay que olvidar! Yo no me acuerdo del olor al nacer! 😱😞Pero sí del momentazo de tenerla encima...😍

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