Horror: piojos

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Creemos que el calendario escolar es también el calendario de los piojos. Pues es falso. La pediculosis (o como se llama técnicamente a los piojos) puede aparecer en cualquier época del año y a nosotros nos tocó en pleno mes de julio, con el calorazo de la ola de calor africano azotando Madrid, la tentación de un chapuzón en la piscina a la mínima gota de sudor y el deseo de ponerse gorra a la primera de cambio.
Llevábamos un par de días notando que la peque se radicaba mucho la cabeza, pero ya el último día, viéndola que tenía hasta desazón, decidimos llevarla al pediatra, convencidos de que lo que le picaba era un nuevo brote de dermatitis y que las cositas blancas de su cuero cabelludo eran las pieles muertas que aparecían por la misma.
Nada más lejos de la realidad: "Esto son liendres", dijo la pediatra.
Y es que, por lo visto, es muy fácil confundir a los huevos de los piojos con granitos de caspa, pero también la mar de sencillo identificar unos de otros. Aquí, alguna…

Cogerle el gusto a la comida

Tenemos toda la equipación para salir airosas en la introducción de la alimentación complementaria de la pequeña: tenemos cuchara de plástico, de un tamaño lo suficientemente pequeño como para que le quepa en la boca y no le haga daño, tenemos plato/cuenco hondo, tenemos trona (la evolutiva de Jané) y tenemos babero...

Ahora bien, ¿Es necesario todo este despliegue para dar de comer a un bebé de seis meses y medio? Está claro que no. Porque hasta para darles de comer fruta, no hace ni falta un triturador: la peque se come el plátano que da gusto: chafado con un tenedor, chupeteándolo con sus encías... También los gajos de naranja y mandarina. 

Pero no, nosotros no somos 100% de baby led weaning...

Sobra decir aquí que come con cuchara, que sólo hemos probado a hacer blw con la fruta y alguna que otra judía verde y que tratamos de variar el menú de cada día con diferentes combinaciones de verduras y pollo, verduras y arroz, arroz con pavo...y verduras... además de la fruta, que alternamos entre compota y teozos enteros según nos da.

En esta segunda maternidad he echado mano de baberos maxi, de los que van con mangas y cubren algo más que el cuello y el pecho porque esta bebé es bastante más cochinota que la mayor y me da tranquilidad no tener queecjar a lavar toda la ropa mañana, tarde y noche.



He estado probando varios días uno de Mimuselina y aunque al principio no encontraba mucho sentido al bolsillito de plástico que tiene en la parte inferior,con el uso te vas dando cuenta de que si está ahí es porque tiene que estar. Sobre todo para galletas y trozos de fruta, acabas agradeciendo que haya ese bolsillo porque si no, el trozo que acaba de caer detrás de otros ocho más, no está en el suelo sino ¡en el babero!

El tejido impermeable también me ha ahorrado tiempo. Pasas la balleta y listo para el próximo uso.
Para otro tipo de bebé más babosillo, menos guarrete y que prefiera dejar las pedorretas para otro momento en que no tenga la boca llena de comida, quizá sí que recomendaría seguir usando los baberos de siempre, los de tejido rizado estilo toalla, porque se echan a lavar y santas pascuas. 


Además, siempre se pueden hacer en un ataque de DIY. Pero no, en esta ocasión, prefiero seguir con el que se limpia de una pasada.


En conclusión, que nos hemos vuelto cómodos, porque nuestras abuelas no tenían trituradoras ni falta les hacían para alimentar a sus pequeños, sin embargo, más vale un babero grande, ande o no ande y que olé por todos estos inventos que nos hacen algo más fácil nuestra andadura como papás.

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